El increible sabor del olvido

Al pasar los años vemos con nostalgía los recuerdos y vivencias. Pero en el fondo olvidamos los detalles truculentos y desagradables que empañarían el sabor del recuerdo.

jueves, diciembre 01, 2005

Fiebre del viernes tarde


Quien no recuerda esas tardes de discoteca, esas cuadrillas de chicos y chicas que se dirigían vestidos con sus mejores galas, contrastando con el ambiente cutre del metro o autobús, a triunfar en la pista como si de un ruedo se tratara.

Esos roles repartidos entre los componentes de grupo, que a modo de pitufos exponían ese rasgo de su personalidad por encima de todo. Que sentimientos de inferioridad y exclusión tan tiernos, si no eras el líder, es decir el guapo o el mas bruto, debías formar parte su sequito doblegarte a sus deseos y caprichos. Esas peleas y disputas entre los jefes de clan por la captura de presas femeninas en el bando contrario, donde siempre pillabas un golpe y no besabas a la chica.

El momento de la lenta donde intentábamos cristalizar nuestro amor por esa chica con la boca llena de hierros, la única que no nos haría el feo de decir que no. Esa falta de seguridad y experiencia a la hora de besar y tocar, en fin esa torpeza tan solo superada por la candidez e inocencia. Esa promiscuidad indómita con la que lo “ganadores” pasaban de un ligue a otro.

Y al final de la tarde esas despedidas románticas y besuconas en las que te arriesgabas a una bronca paternal por llegar tarde al haber acompañado a casa a la chica. Esas carreras al transporte público para esquivar el “a la salida te espero” del grupo rival.

En definitiva sesiones frustrantes en los que sólo unos pocos lograban las mieles de lo deseado mientras el resto intentaba sobrevivir. ¿Y tu, en que bando estabas?