El increible sabor del olvido

Al pasar los años vemos con nostalgía los recuerdos y vivencias. Pero en el fondo olvidamos los detalles truculentos y desagradables que empañarían el sabor del recuerdo.

jueves, diciembre 15, 2005

La noche rescatada


Era una noche como cualquier otra, había salido con una pandilla de amigos, el sitio no era de los habituales, no era mi ambiente, pero la música era buena y el amigo Daniel’s me había calentado la sangre. Allí estaba yo intentando hacer algo en la pista de baile en medio me mi particular danza tribal sin focalizar nada de lo que pasaba a mi alrededor y de repente sucedió. Como pasan estas cosas sin aviso, sin anuncio, de forma silenciosa, dos ojos aparecieron en mi campo de visión, dos ojos de un color avellana claro casi ambarino, los ojos de una gata.

El tiempo se paro, solo notaba los latidos de mi corazón que llevaban sangre a mis sienes. Mi mente traza una línea recta entre nosotros y mis pies comienzan a moverme en aquella dirección, su magnética mirada ocultaba el resto de la sala. Mil latidos de mi corazón desbocado después y estaba a su lado, el aroma de su piel me invadió la pituitaria con brutal celeridad, sus labios entreabiertos me sugerían las mieles más dulces. Cruzamos pocas palabras, el sonido no era algo necesario cuando estábamos comunicándonos a otro nivel, nuestro tacto estaba enviándonos más de mil señales que encendían en mi todas las luces rojas.

No recuerdo bien como salimos del local, días después aun estaba disculpándome con mis amigos, tomamos su coche y un millón de sensaciones después llegamos a su casa. El ascensor se convirtió en el vehiculo de nuestro deseo, nuestros labios luchaban entre si haciendo chocar las lenguas en un húmedos besos. Mis dedos se sumergieron bajo su ropa alternando su espalda, sus pechos, su cuello en una maravillosa coreografía. Haciendo contorsionismos salimos de la cabina y llegamos a la puerta, una llave salia del fondo de su bolso, la puerta se abrió y caímos literalmente en el interior de su piso.

La pasión nos apretaba a ambos sumergiéndonos en una angustia que sólo podía ser saciada devorando al rival, allí en el suelo de su recibidor cayeron botones, hebillas y corchetes ante la feroz batalla que tenían nuestro cuerpos por enfrentarse piel contra piel. En un acto de cobardía mi enemigo quiso huir gateando por el pasillo, yo no dispuesto dejarla escapar tan rápidamente no tuve mas remedio de pegar mi boca a su nuca, aplicando dientes y labios para hacer bajar mi lengua por su espalda hasta sepultar mi lengua entre sus nalgas para deleitarme con el sabor de su húmedo sexo. La batalla, cruel casi inhumana nos llevo hasta su lecho, mi paciencia se agotaba y estaba dispuesto a no hacer prisioneros, la victoria era la única opción.

La hice tumbar su figura menuda y morena contrastaba con el blanco de la sabana, con mi mano izquierda atrape las suyas, estira mi brazo para hacerlas subir y separarlas de su cuerpo, mi pierna se introdujo entre las suyas haciendo palanca para crear un hueco, el olor a sexo me golpeaba con insultante intensidad enervando mis sentidos, aproveche mi mano libre para acariciar su vientre, lo que produjo que se arqueara en una curva imposible. Cuando me coloque en su entre pierna se abrió a mi como una flor doblo sus piernas y se rindió, dejándome penetrar en su mas insondable misterio lentamente primero, para continuar en una infernal cabalgada que me llevaba hacia la victoria.

Todo tipo de fluidos nos empapaban, ella comenzó a acusar la presión que ejercía sobre sus muñecas y aprovechando la situación con un movimiento rápido se zafo de mi presa para apretarme la espalda, como justa venganza eleve sus pierna hasta poner los tobillos en mi hombro derecho y hacer que sus piernas se juntasen, si quería jugar sucio, me encargaría de que se notase plenamente llena, baje sus piernas hacia un lado y dejándola en posición fetal con sus extremidades inferiores pegadas, comencé a moverme dentro de ella haciendo una entrada diagonal. Esta operación provoco su rendición incondicional expresada en una suma de temblores y gritos que me elevaron mas allá de lo confesable para depositarme en un mar de placer.

Una vez acabada la batalla, nuestros cuerpos se abrazaron para confesarse que no existía vencedor ni vencido, que la magia de la carne nos había bendecido con su más espectacular don. Nosotros habíamos pintado con nuestros dedos sobre el otro nuestra propia rendición y entrega antes de abandonarnos al olvido del sueño.

1 Comments:

At 10:11 p. m., Blogger matkow said...

Ufffffff... vamos se me han puesto los pelos de punta. Me ha gustado mucho a ver si me deleitas con mas relatos que se te da bien eso de escribir. Una noche loca.. ais.. Un beso! Me tendras por aqui espiandote desde un rinconcito

 

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